Pasó varios años de su infancia en un orfanato. ¿Cómo le marcó aquello?
Como he sido tan pobre, si yo fuera rica nunca sabría bien en qué gastar mi dinero. No es que sea tacaña, pero el dinero me resulta indiferente.
En su libro dice que nunca le han preguntado por su primer recuerdo. ¿Cuál es?
La luz jugando entre los árboles. Esa pregunta es importante, significa el deseo de penetrar de verdad en la intimidad de la persona. No físicamente, pero sí simbólicamente.
¿Por qué es importante el primer recuerdo y compartirlo?
Es el más hondo, y si es agradable te ayuda a ser feliz. Todo el mundo quiere ser feliz.
¿Qué le ha enamorado de los hombres?
¡Que me puedan preguntar por mi primer recuerdo! Demostrarían interés por fundirse en mí, y al revés. Soy incorregible, mi idea del amor es la de algo absoluto. Y así estoy, más sola que un perro a veces.
¿No se ha sentido querida?
¿Quién quiere estar sola? Me siento amada por la vida, por la capacidad que tengo de disfrutarla. Me alegra poder comerme una naranja por las mañanas, es estúpido, pero lo siento como un regalo.
Parte de su trabajo ha pasado por celebrar el cuerpo y su feminidad. ¿Cree que hoy podría hacerlo de la misma manera?
Intenté, hace unos años, hacer un espectáculo en el Conde-Duque de Madrid, y no sé si fue por los nuevos tiempos, o por estar muy sola, pero no pudo ser. Pero debo decir algo: Europa se ha vuelto puritana, pero en España nunca he tenido problemas ni malentendidos enseñando mi cuerpo como herramienta para generar emociones.
Hay quien entiende el strip-tease como un arte. ¿Usted cómo lo ve?
.- Es importante, porque despertar emoción sexual es un poder que conecta con el misterio de la vida. Mi erotismo está lejos del erotismo tradicional, que es muy tópico.
¿Le gusta que se le considere sex symbol?
Me siento como una pelirroja profunda. Llevar una carga sexual o erótica ha sido para mí una especie de consolación por haber nacido sin mucho para ayudarme. Sólo he tenido mi amor a la vida y ese sex appeal que no he querido explotar. Soy ambiciosa, pero no me obsesiona llegar a toda costa.
¿Ha rechazado algún guion porque el desnudo no estaba justificado?
Después de rodar Change pas de main (1975), me llamó una productora italiana para ver si quería hacer una película pornográfica. La rechacé, porque la idea que tengo de mi cuerpo es la de una propiedad sagrada. Yo no puedo separar el acto sexual del sentimiento, soy una mujer muy tradicional.
¿Dónde está para usted la barrera entre erotismo y pornografía?
Dijo un director de teatro belga que el porno es como un cerebro presentado sobre un plato. También dijo alguien que en una película erótica haces el amor delante de un candelabro, y en la porno no hay candelabro.
¿Femenina, feminista, o ambas?
Aparentemente, no agito un mensaje feminista, pero muchas de las películas que hice lo son. Reivindico la expresión libre del cuerpo, vestido o desnudo, que es una manera de gritar tu feminidad
Su cine se suele catalogar como «de ensayo». ¿Lo entiende como algo intelectual?
No creo en la disociación del fondo y la forma, ni en la de mi cuerpo y mi alma.
¿Cómo le gustaría aparecer en los libros de historia del cine?
Me da absolutamente igual. Una vez me enseñaron una revista en la que salía mi foto y decía «Myriam Mézières, una de las caras más viciosas del cine». Qué se le va a hacer. No creo que esa percepción me amargue ni me aparte del amor a la vida.